TRADICIÓN Y RENOVACIÓN
Por Ione Szalay

Pero veamos como define el filósofo alemán Habermas, en un comentario sobre Guershom Scholem, a la tradición.
“La verdad puede irrumpir también en la tradición haciendo saltar su continuidad. El concepto de tradición puede dar cobijo lo mismo a revoluciones que a restauraciones, despojando lo que en otros tiempos llamábamos tradición en su carácter dogmático”. [1]
La tan controvertida y confusa ruptura de la tradición implica una desviación de la norma o una práctica más allá de toda norma. Es la toma de un camino paralelo, no regulado. Pero esta práctica paralela se considera a la vez como parte fundamental del desarrollo de una cultura.
Lo anómico (nómico es la ley, las normas) son prácticas o tendencias no contempladas o reguladas por la práctica halájica o legislativa judía.
“Lo anómico está lejos de ser sinónimo de prácticas ajenas.
A pesar de que algunas técnicas anónimas pueden de hecho surgir de fuentes no judías, otras eran practicadas por místicos judíos antiguos pero no pasaron a formar parte de la forma de vida halájica”.[2]
Según Guershom Scholem [3] “toda mística posee dos aspectos fundamentales que se contradicen o se complementan: uno conservador y otro revolucionario”.
Todo estudiante de la Kabaláh siempre se enfrenta a este desafío y crisis. Ambas fuerzas generan una tensión que posibilita la revelación dinámica de la Kabaláh y su actualización. Todo tiene un sentido.
Sin embargo, continuando con el profesor Scholem: “...estos místicos parecen redescubrir desde su punto de vista las fuentes (verdaderas) de la autoridad tradicional”.
Es por ello que se dice que: “la mística es verter una y otra vez el vino nuevo en odres viejos”. Es decir, el origen de la tradición es la revelación, pero asimismo, la forma como la revelación se expresa y se mantiene a lo largo del tiempo, es a través de las tradiciones. Y esto no solo se da en la Kabaláh sino en la cultura general de Occidente.
Abraham Isaac Kook en su obra “Luces de santidad” nos enseña:
“Una epifanía nos permite percibir la Creación no como algo acabado sino en constante devenir, evolucionar, ascender. Ello nos transporta de un lugar donde no hay nada nuevo a un lugar donde no hay nada antiguo, donde todo se renueva, donde el cielo y la tierra se regocijan como en el momento de la Creación”